Aprender es adquirir un activo que rinde sin consumirse

Ocurre algo curioso cuando una máquina se convierte en oráculo. Alguien que el lunes no sabía nada de un asunto, consulta a un chatbot el martes y el miércoles te lo está explicando a ti, que llevas años en ello y resulta que sabes algo del tema.
No ha aprendido nada. Se lo han dicho. El recadero del conocimiento. Como los peregrinos que subían a Delfos, vuelve con la respuesta en la mano dispuesto a enarbolarla, sin ninguna curiosidad por saber cómo se llegó a ella.
El debate actual sobre la inteligencia artificial gira en torno a la productividad. Pero siempre desde un punto de vista industrial. Se evalúa si la máquina hace más rápida la contabilidad, más eficientes a los abogados, más ligero el proceso. Es una pregunta legítima, yo también la abordo. Es tan divertida como estimulante.
Pero, ya que estamos productivos, hay una virtud manifiesta de la IA y es que puede ayudarnos a aprender. ¡Y de qué manera, oiga!
Claro, que eso es más aburrido. Y además requiere esfuerzo.
Para que se me pueda entender en la conversación actual, lo diré en sus propios términos financiero-empresariales: Aprender es adquirir un activo que rinde sin consumirse (mientras nos dure la cabeza).
Uno usa lo que sabe una y otra vez, y lo presta sin coste para sí mismo. Eso es apalancamiento. Y como cada cosa aprendida vuelve más fácil, o más rica, la siguiente, el rendimiento se compone. El interés compuesto es la fuerza silenciosa de una mente.
Visto así, quien acude al oráculo de Delfos, Gemeni, Claude, o el que fuera, lo tiene exactamente al revés. Usa el dispositivo de aprendizaje más extraordinario jamás construido para no aprender, para cerrar una pregunta en lugar de abrirla. Ha tomado prestada una conclusión que no puede sostener, que es una descripción tolerable de la imprudencia, o de la sandez según el caso.
A su lado, el colega que usa la misma herramienta para comprobar, para replicar, para seguir un hilo que solo no habría podido seguir, va componiendo poco a poco. En un año, la distancia entre ambos será pequeña. En diez, será una diferencia insalvable.
La productividad de la inteligencia artificial en los procesos de una empresa llegará, a su hora. Ahora bien, su capacidad de componer el conocimiento de sus profesionales ya está disponible, para quien sepa resistirse a tratarla como a Delfos. Aprovechen ustedes con alegría, porque esa disposición, a la vista de las pruebas, escasea.