La estética no está reñida con la sustancia

A partir de una recurrida cuestión que quiero compartir con usted, sostengo que la Estética no está reñida con la Sustancia, como tendemos a oponerlas en el diseño.
Como confeso condenado al relativismo, desconfío de la sustancia, de las verdades objetivas y de algo que se tome demasiado en serio, en definitiva. De modo que tengo una marcada tendencia a dejarme seducir por la forma, aunque, como todos, claro, esté sediento de alguna verdad que estimule el fondo de mi ser.
Aun así, voy a demostrarle que ambas cosas no están reñidas, porque esa oposición nace de un malentendido sobre lo que significa la palabra; deshecho el malentendido, la oposición se cae. Empecemos por la definición etimológica de las dos, sustancia y estética.
- Sustancia: del latín substantia: sub (debajo) + stare (estar de pie). Lo que está debajo sosteniendo.
- Estética: del griego aísthesis (αἴσθησις): sensación, percepción por los sentidos. De aisthánomai, «yo percibo». No belleza. Ni adorno. Significaba percibir.
Estética es una palabra moderna, acuñada por Alexander Baumgarten en 1735 y que desarrolló en su “Aesthetica”, de 1750. Su definición no es como una teoría de la belleza, sino como “Scientia cognitionis sensitivae”: ciencia del conocimiento sensible. Aquel conocimiento adquirido por los sentidos en oposición al conocimiento racional.
Tiene sentido, y es esclarecedor: la estética nació como una teoría del conocimiento, no del ornamento. Lo de «estética igual a apariencia» es una degradación posterior del concepto.
Entonces, si substantia es lo que sostiene y aísthesis es lo que se percibe, no se oponen como verdad y adorno, sino que conviven como el fondo y el modo de acceso que tenemos al fondo. La estética no es una parafernalia artificiosa. Es el canal que nos permite llegar a la verdad.
Y esta idea de estética resuelve, a su vez, la cuestión del arte. Aparentemente huérfano de función, pero no así de sustancia. Y es que en la sustancia del arte percibimos belleza, que es un fin en sí mismo.
Cómo no, el desbaratado Nietzsche nos deja otra lectura: «solo como fenómeno estético se justifican la existencia y el mundo».
Para Nietzsche, el arte justifica la existencia por medio de una ilusión necesaria. Según él, la belleza no es lo que da sentido a la vida, sino lo que hace tolerable que no lo tenga. En el fondo, sea la belleza una ilusión necesaria para que podamos tolerar la vida, o siendo una cosa verdadera, poco cambia, es un fin en sí mismo para el sentido de la vida.
Así que, querido lector, en este juego de pocas palabras donde yo solamente sugiero una forma y usted, responsable de su criterio, dictará si encuentra algo de sustancia, concluyo el asunto en una sola frase:
La estética es el vehículo que puede conducirnos a la sustancia de las cosas, o a la belleza oculta y latente en nuestra propia mirada.