Pacing the frontier, pero no tanto. Más bien no.

Este septiembre ha dejado una paradoja que refleja el paradigma de la sociedad actual. El día 12, Dario Amodei, CEO de Anthropic, publicó el artículo «We must pace the frontier», y ya en julio más de mil trescientos trabajadores de los grandes laboratorios firmaron la declaración “Pacing the frontier”, una llamada —sensata— a regular el ritmo de avance de la IA.
Los profesionales del sector intuyen riesgos potenciales devastadores y una imprevisibilidad que asusta respecto al comportamiento de sus modelos, o entidades.
A la vez, en esas mismas semanas, los mismos laboratorios lanzaron una de las tandas de modelos más densas del año, con rendimientos manifiestamente superiores. Y ahora, el 29 de septiembre, la Casa Blanca firmó una orden para llamar a la IA «Super Intelligence». Lo habrán visto ustedes en boca de nuestro querido Donald. No el pato, el otro.
De modo que de marcar el paso, nada.
Lo escribía en otra publicación: me temo que el gesto de los que advierten no es más que un alivio de conciencia para poder continuar día a día pisando el acelerador en sus jornadas laborales.
Nos tocará verlas venir, y mi sensación es que vienen a toda velocidad.
Lo que más me ocupa es que no llegará a todos por igual. En seguridad, sin ir más lejos, las versiones más capaces en ciberseguridad ya solo están disponibles para gobiernos, infraestructuras críticas y empresas verificadas. Y empiezan los abusos y las intrusiones aprovechando la IA. Desde clonar la voz a personas que ocupan puestos de responsabilidad, a directamente vulnerar sistemas informáticos.
Se entiende que quieran reservarse las versiones más capaces en ciberseguridad, pero eso dibuja dos velocidades, la de quien tiene acceso y la de quien llegará a saber cuándo, quizás nunca. Y en el entretiempo, a la mayoría le tocará vivir a merced de voluntades que escapan a su control.
En productividad la brecha es otra, menos evidente aún, pero gestándose irremediablemente. Las dos velocidades, según el punto al que lleguen ciertos modelos, podrían ser disruptivas —al menos, quizás así, esa palabra tan manoseada recuperará su dimensión—, más que una distancia, una verdadera brecha insalvable.
Un salto demasiado abrupto de un segmento puede redibujar completamente el tablero. No sé todavía qué forma tendrá, ni dónde nos dejará a cada uno cuando se asiente. Solo sé que una reconfiguración de nuestra realidad socioeconómica de una forma tan brusca y desigual no sucederá sin dejar muchos cadáveres por el camino.