Quizás no sea una consecuencia irremediable, sino una elección

«Este saber, oh rey, hará a los egipcios más sabios y más capaces de recordar, pues se ha inventado como un fármaco de la memoria y de la sabiduría».
En el Fedro, Platón cuenta un mito egipcio en el que el dios Theuth le presenta al rey Thamus su invento, la escritura, como "remedio para la memoria y la sabiduría". Y el rey lo rechaza. Dice que no cura la memoria, sino que la atrofia.
«Tú, padre de la escritura, por benevolencia le has atribuido lo contrario de lo que puede hacer. Producirá el olvido en las almas de quienes la aprendan, por descuido de la memoria: confiados en lo escrito, recordarán desde fuera, por signos ajenos, y no desde dentro, por su propio esfuerzo. No has hallado un fármaco para la memoria, sino para la rememoración. Y de la sabiduría ofreces a tus discípulos la apariencia, no la verdad: leerán mucho sin enseñanza, creerán saber mucho siendo casi todo ignorancia, y será difícil tratar con ellos, porque se han vuelto sabios en apariencia y no de verdad».
Tal vez el rey Thamus tuviera razón, no puedo saberlo. El pensamiento de entonces nos llega por la escritura, claro.
Sin embargo, esa idea le atribuye toda causa a la herramienta, y exime a las personas de cualquier responsabilidad. Y con ella, de su libertad.
Tal vez cuando se inventó la imprenta, cuando llegaron los medios digitales, cuando estudiábamos con la Encarta, cuando consultábamos en internet, se nos atrofiaba la mente.
Tal vez si no existieran las calculadoras todos seríamos Pitágoras.
Ahora, con la IA, se dice con frecuencia que nos empobrece el pensamiento. Una vez más, puede que sea así.
Pero quizás no sea una consecuencia irremediable, quizás sea, y siempre fue, una elección.